Este Valencia está dando síntomas inequívocos de que es un equipo sin alma, muchos son los indicios evidentes de que, independientemente de lo estrictamente futbolístico, algo no funciona.
Esta conjunción de jugadores con muchas virtudes y muchas carencias podrían dar más de sí con unos valores mayores.
Tal vez, la clave esté en su estructura jerárquica, desde el presidente que está intentando cuadrar las cuentas a fin de mes, al último reserva del equipo acomodado, pasando por el entrenador que no ha sabido imprimir a la plantilla ese plus necesario para conseguir la motivación necesaria para aspirar a algún logro.
Las malas experiencias vividas recientemente bloquean cualquier tipo de decisión, mal si andas y mal si te paras. El mantener a un entrenador con fecha de caducidad que ha gestionado un vestuario a base de manga ancha, decisiones estridentes y desautorizado por el poder ejecutivo del club es un riesgo en sí para acabar la temporada con unos objetivos mínimos que permitan la supervivencia económica del club.
El empezar un proyecto nuevo a mitad temporada después de las experiencias vividas recientemente es una ruleta rusa, por lo que de momento se sigue la máxima de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Sea como sea y se tomen las decisiones que se tomen, el problema está tan arraigado que con una destitución sobre la marcha no sería suficiente para cambiar la dinámica negativa en la que está inmersa el equipo y lo que está claro es que el equipo ha perdido las señas de identidad de forma galopante que le hizo campeón y esto se ve reflejado en demasiados aspectos y en las vacías y desencantadas gradas de Mestalla.
No quiero ser ventajista y no quiero hacer méritos a aspirante de Nostradamus pero esto es lo que se escribió en el blog.
"¿Pero los que ya conocemos? Vicente, Joaquín, Fernandes, Maduro, Ever… Soy pesimista, muy pesimista y el tiempo creo que en algunos casos me está dando la razón a entradas anteriores.
Si realmente Fernandes, Banega o Maduro, por citar algunos hubieran estado a la altura que deberían haber estado para un club como el Valencia ¿existiría preocupación? Pues sí, el que tiene calidad física y deportiva como Fernandes no tiene compromiso. El que está limitado deportivamente como Maduro tiene compromiso. Y Ever ha aparecido y ha desaparecido como el Guadiana. He citado a estos jugadores por no citar a otros que ni están, ni se les espera."
Esta sensación no es de esta temporada se lleva arrastrando varias temporadas atrás, nos podemos remontar a años atrás.
El 07 de noviembre de 2007 Sandra Vadilo ya titulaba una publicación de esta forma Un equipo sin alma. El 28 de enero de 2008 se volvía a repetir la historia y decía esto en una publicación titulada Todo sigue igual: "La impotencia que le invade cuando juega de local lo convierte en un conjunto sin alma que tan sólo espera la pitada final del árbitro."
Los que hemos visto al equipo en segunda, levantando trofeos y obteniendo títulos a pares sabemos de lo que hablamos. No somos de esa generación de los nuevos ricos que han crecido en la abundancia, hemos visto la cara y la cruz del éxito.
Que el Valencia haya vivido la cara y la cruz del éxito tiene que servir para mantener vivo, a toda costa, lo que le hizo campeón al equipo y desechar y no repetir todo lo que hizo al equipo fracasar. No me refiero a sistemas y tácticas, me refiero a valores extradeportivos.
Lo acontecido ante el Osasuna sólo había ocurrido una vez en la historia y ante el innombrable, con el agravante de tener que retroceder setenta años atrás para ver como un equipo remontaba en Mestalla un resultado de 3-1 a favor del Valencia.
Mientras que la fragmentada y anestesiada afición estamos más pendientes en reafirmarnos en nuestras posicionadas trincheras, unos contra otros, como si de una guerra fraticida se tratara, los integrantes del club van perdiendo las tan valiosas señas de identidad y vamos perdiendo el respeto obtenido en España y en Europa, pero no pasa nada, es más importante rebuscar y mantener vivas las causas y motivos que desunen al valencianismo, se lo estamos poniendo demasiado fácil al futuro.
Autor: Toni Griñón