Adiós al año de las ausencias
En unos días cambiaremos de año, sobrarían palabras para comentar el año 2010, ya que este ha sido bastante plano y previsible en cuanto al Valencia se refiere y eso se a traducido en un cierto desencanto por parte de la afición.
Centrándonos en lo que ha sido el 2010, es decir, el final de la temporada 2009-2010 y el principio de la temporada 2010-2011 se podría catalogar como el año de las ausencias ya que estas, casi con toda seguridad, han sido más numerosas e importantes que las incorporaciones.
De las ausencias no se ha librado ni el área deportiva ni el área institucional del club, aunque han sido más numerosas las salidas en el área deportiva. La convulsión en el consejo se efectuó en el 2009 siendo el 2010 más estable con el asentamiento de Manuel Llorente como presidente. La única salida, previsible por otra parte, ha sido la de Fernando Gómez Colomer el cual era consejero y se encargaba del área deportiva como secretario técnico.
El número de jugadores que abandonaron el club durante el presente año ha sido muy numeroso: David Villa, David Silva, Rubén Baraja, Carlos Marchena, Nicola Zigic, Alexis Ruano, además de otros jugadores cedidos como Asier del Horno, Nacho González o Manuel Fernandes.
El cambio de ciclo era eminente con la marcha de jugadores como Baraja y Marchena. Dos vacas sagradas participes de la historia reciente más gloriosa del Valencia. Con la marcha de estos jugadores el vestuario perdió las últimas señas de identidad que le hicieron campeón.
Con tanta salida también hubieron incorporaciones, aunque hasta el momento sólo Aduriz y Soldado han hecho olvidar a uno de los máximos goleadores del Valencia y a uno de los mejores jugadores del mundo en su puesto llamado Villa. Por otro lado, otra incorporación a resaltar que ha mostrado destellos de calidad ha sido Tino Costa.
La remodelación del equipo, por encima del rendimiento de las nuevas incorporaciones y del trabajo del Unai, deja un equipo sin una filosofía clara de juego, en algunos momentos puntuales e individuales una carencia acusada de compromiso y muy lejos de las señas de identidad que lo consolidaron en lo más alto años atrás.
Autor: Toni Griñón





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