Hay que sumar y no restar

El Valencia cedió dos puntos por su falta de claridad a la hora de rematar. Mallorca consiguió el empate gracias a un penalti regalo de Bruno.
Fueron quince minutos donde el papel de dominador absoluto le quedaba de maravilla. Después llegaron las dudas y finalmente el sinsentido.
El ímpetu del comienzo del partido fue una simple ráfaga porque el ataque no estaba fino. Las ocasiones de gol aumentaban pero la mala puntería se cebaba con el equipo.
La generosidad el Valencia sirvió para que Mallorca jugara al contragolpe con suficientes espacios e incomodar a Cesar.
La superioridad en el juego se diluyo cuando se perdió el control del balón especialmente en el mediocampo.
La forma de jugar del Mallorca molestaba mucho provocando intranquilidad para mover el balón y por momentos lentitud.
La salida de Silva fue el detonante para el declive del equipo. Los cambios de Emery no aportaron nuevas ideas y los bermellones se atrevieron un poco más en ataque.
El descanso trajo alegrías al conjunto che. A los tres minutos y en una jugada de laboratorio llego el esperado gol. Banega y su centro un tanto forzado y como siempre… Villa.
El gol fue una bocanada de aire fresco. Con ganas y con llegadas el Valencia recuperaba la superioridad de juego pero no así su efectividad.
Las ocasiones de gol pasaron hasta que la jugada tonta rompió con las ilusiones de todos. Bruno cometió un penalti inocente y el Mallorca obtuvo el premio al esfuerzo por su búsqueda del empate.
El Valencia se lleva la amargura de la lesión de Silva y la oportunidad de descontar a los de arriba. La moraleja del partido esta en no volver a cometer los mismos errores y recordar que los puntos que se ganan afuera no se pueden perder en casa.



