El Valencia recuperó su sonrisa con una victoria que vale oro. Tres goles le permitieron descansar de la agonía del descenso por unos días. El nuevo mister aportó aire fresco a un equipo que se estaba ahogando.
La postal final del partido sintetizó el cambio que en apenas unos días ocurrió en Valencia. Joaquín se marchaba con posibilidades de hacer el tercer gol y Angulo lo acompañaba. Este dejando los egoísmos de lado intentó que su compañero convirtiera el gol para llevarse la gloria. Así fue la cara de un equipo renovado.
La afición acompañó y no defraudó pero la sensación tras el partido era de obligación más que de satisfacción. Se aplaudió a los jugadores pero sin grandes alardes y se aceptó correctamente el ingreso de Cañizares y Angulo. Nuevas tendencias bien recibidas en el feudo valencianista.
El equipo era conciente de la importancia del partido y salió a jugar con ganas y nuevos ímpetus. Consiguió en pocos minutos ser superior al Osasuna pero sin grandes lucimientos y la diosa fortuna le regaló prácticamente el partido. Un penalti inexistente a Villa le entregó en bandeja el gol y la expulsión del portero rival. Un premio más que aceptable.
Con la preocupación a cuestas el Osasuna mantuvo su compostura y siguió siendo muy ordenado tanto en defensa como en el centro eso sí casi sin acercarse a Cañizares quien apenas tuvo trabajo en su retorno.
El desgaste físico y las ganas del Valencia cerraron el partido cuando Mata hizo el segundo gol y el tercero llegó casi por inercia.
La influencia de Voro le permitió a sus hombres jugar con mayor serenidad, cambiar el esquema táctico que no les favorecía y recuperar parte de la identidad perdida.Eso sí siendo sinceros a este equipo le falta mucho trabajo para encontrar el nivel que una vez tuvo pero por lo menos dio un paso muy importante: querer es poder.
La postal final del partido sintetizó el cambio que en apenas unos días ocurrió en Valencia. Joaquín se marchaba con posibilidades de hacer el tercer gol y Angulo lo acompañaba. Este dejando los egoísmos de lado intentó que su compañero convirtiera el gol para llevarse la gloria. Así fue la cara de un equipo renovado.La afición acompañó y no defraudó pero la sensación tras el partido era de obligación más que de satisfacción. Se aplaudió a los jugadores pero sin grandes alardes y se aceptó correctamente el ingreso de Cañizares y Angulo. Nuevas tendencias bien recibidas en el feudo valencianista.
El equipo era conciente de la importancia del partido y salió a jugar con ganas y nuevos ímpetus. Consiguió en pocos minutos ser superior al Osasuna pero sin grandes lucimientos y la diosa fortuna le regaló prácticamente el partido. Un penalti inexistente a Villa le entregó en bandeja el gol y la expulsión del portero rival. Un premio más que aceptable.
Con la preocupación a cuestas el Osasuna mantuvo su compostura y siguió siendo muy ordenado tanto en defensa como en el centro eso sí casi sin acercarse a Cañizares quien apenas tuvo trabajo en su retorno.
El desgaste físico y las ganas del Valencia cerraron el partido cuando Mata hizo el segundo gol y el tercero llegó casi por inercia.
La influencia de Voro le permitió a sus hombres jugar con mayor serenidad, cambiar el esquema táctico que no les favorecía y recuperar parte de la identidad perdida.Eso sí siendo sinceros a este equipo le falta mucho trabajo para encontrar el nivel que una vez tuvo pero por lo menos dio un paso muy importante: querer es poder.
Autora: Sandra Vadillo










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